viernes, 1 de agosto de 2008

El sol que nunca se pone

Es todavía una incógnita. Sólo conocemos los paneles del concurso ganador del Centro Internacional de Convenciones de Madrid, las múltiples fotos de maqueta que han aparecido en los medios y su eslogan. En el proyecto se solucionan dos de los alzados con la forma circular. Polémicas aparte sobre el origen de la idea, que quizá fuese previa al eslogan, aclaran que no es una rodaja de mortadela ni un amanecer. Aún no lo disfrutamos, por lo que no podemos saber si dispondrá de una carita de estilo naif, con rayos perimetrales. Dada la calidad profesional de sus autores, cabe esperar que traicionen la simpleza de lo obvio y realicen un buen proyecto.

Estas intervenciones tienen en común tanto su cercanía física como el uso de lemas tipo eslogan desde sus orígenes. Pero no son únicas ni son las últimas que tenemos. Recientemente se ha fallado el concurso para la rehabilitación de dos naves del Matadero de Legazpi, con otro lema-eslogan: 'hilo conductor'. En su construcción y distribución (móvil) se utiliza: ¡el hilo! Aunque, con el cambio de escala, serán maromas conductoras. En los paneles del anteproyecto, aún no se aprecia desarrollo o solución al programa propuesto en las bases, tan sólo se muestra una intencionada continuidad con el espíritu de lo ya construido (y con gran éxito) en otras salas de esta fábrica de cultura.

Pero este problema no es original de Madrid, disponemos por ejemplo, de las frutas de Aragón en la Expo de Zaragoza, y en el extranjero, recordemos que los más grandes trabajan en Dubai, ciudad sin parangón en la búsqueda de iconos, de arquitectura adherida a tópicos. Y ¿qué es el estadio-nido de los Juegos chinos? En fin, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? O lo que es más importante, ¿tenía la gallina forma de huevo?
En la apología de la arquitectura adhesiva, el edificio es el mejor eslogan, algo sencillo y fácil de memorizar. Un método de recordar sin necesidad de haber vivido, geometrías asociadas a recuerdos previos, a formas preconcebidas. Su forma no se genera al proyectar, es previa. Su resultado no proviene de la búsqueda de sensaciones, ni de la confrontación de ideas ni de complicados funcionamientos, ritmos, estructuras o decisiones más o menos acertadas. Huye de cualquier investigación, en su forma, en su espacio. Le resulta incómoda, innecesaria y extravagante. Los proyectos son pegatinas de la ciudad. Pero ¿qué publicitan? Obviando los manidos tópicos del poder económico, el capital y otras zarandajas, creo que a esto se le llama auto publicidad.
Estamos ante una maquinaria perfecta. Una rueda que gana y convence, pero ¿genera buenos proyectos? Vale. (de SOITU)